De repente veía a todas esas parejas, agarradas de la mano, ¿sabes? A todas esas personas que se querían, con sus problemas y sus discusiones diarias, se querían. Y no podía soportarlo. No podía aguantar sus risas, cómo se miraban, cómo se hablaban en un lenguaje típico de enamorados, cómo se tocaban mientras gritaban al mundo que se lo perdonarían todo.
Y pensar que tú no pudiste perdonarme, me comía por dentro. Me horroriza verlos. Aún hoy me horroriza salir a la calle y vernos, vernos a tí y a mi, en los ojos de otros que no somos nosotros. Tengo miedo de pasear un día cualquiera, perder la cabeza y gritarles a todos esos cabrones que dejen de quererse, que el amor no es para siempre, que me duelen sus historias, que paren. Tengo miedo de perder la cabeza. Tengo muchísimo miedo. Noto que suben las palabras a mi garganta, que todo lo que quise y no pude decirte ahora quiero decírselo a ellos y tengo que apretar fuerte los dientes para no vomitarnos delante de otros y que piensen que estoy loca. Y que piensen que me he vuelto tarada desde que no estás conmigo. Porque te echo de menos, probablemente ahora más que nunca. Aún cuando miro tu foto me dan escalofríos, tiemblo y dudo por las esquinas.
Simplemente lo que tú tienes, Javi, es difícil de encontrar: La combinación perfecta entre un gilipollas y alguien especial. Una mezcla explosiva casi diría peligrosa para alguien mortal. Respirar hondo contar hasta 100 y entonces pararse a pensar... O casi mejor dejar de pensar, que quizá sea lo que más falta haga.
miércoles, 21 de abril de 2010
Abril
Publicado por Saar en 16:46
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